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La Coctelera

titulo medios mexicanos autor lizy navarro zamora

Titulo: Los medios Mexicanos

Autor: Lizy Navarro Zamora
Fuente:
Revista mexicana de comunicación

Fecha: 26 Marzo de 2007
Género: Nota informativa
Medio: televisión

En México, el desarrollo del periodismo digital no ha tenido el mismo proceso de evolución que en otros lugares: no hubo teletexto ni videotexto como en Europa, Asia o Estados Unidos. En aquellas regiones, el periodismo electrónico buscó y conformó un nuevo lenguaje, la capacitación del periodista y la visión de un usuario diferente al de la prensa, la televisión o la radio analógicas.
Por ello desarrollamos una investigación sobre los medios de comunicación digitales en nuestro país a una década del primer medio puesto en Internet, el San José Mercury.1

El presente trabajo es parte de una línea de investigación en torno a la transformación del periodismo en la convergencia digital. La tesis es que más de 80% de estos medios de comunicación siguen como iniciaron, con una serie de limitantes que analizaremos en diferentes aspectos.

Actualización

Hasta el momento, la actualización informativa se presenta en tres posibilidades. La primera, la más importante y que cumple con el paradigma de las nuevas tecnologías de la información, es la actualización de los contenidos informativos, no como una sección de últimas noticias, sino como una reorganización de la portada o home page.

En tal portada, los medios digitales reorganizan la información según los principios periodísticos de importancia, veracidad, temporalidad y cercanía. Estos son los menos. En el análisis realizado sólo 6% lo hacen de esa manera, tales como El Universal on line y Reforma.com.

Otros medios presentan una columna de últimas noticias en un recuadro donde se redactan encabezados de alrededor de 10 informaciones. Éstas son páginas menos desarrolladas que no tienen una sala de redacción tan completa que se encargue de reorganizar toda la portada y los enlaces correspondientes. Para estos medios es más accesible cambiar la portada cada 24 horas y sólo poner un recuadro.

En un tercer nivel tenemos los medios que actualizan su información cada día: son los más en México. Estos medios se ubican principalmente en 29 entidades federativas del país. La páginas están poco desarrolladas. Los usuarios que se atreven a consultarlas corresponden a la zona geográfica y lo hacen para ahorrarse el pago del medio impreso. Su audiencia es reducida y la página es sólo una imagen porque hasta el momento no han explotado los recursos de las nuevas tecnologías de la información.

Una de las principales razones de este grupo es que, hasta el momento, las empresas no han querido invertir en el medio digital. Sus salas de redacción prácticamente están acéfalas; las integran un periodista, generalmente joven y que se ha atrevido a hacer una propuesta, y un colaborador en el área de informática.

Interactividad

Tras una década de instalado el primer medio en la gran red, resulta sorprendente que la mayoría de los medios de comunicación en línea no presenten una de las características principales de la sociedad de la información, que es la verdadera y real comunicación de los medios con la audiencia: la interactividad. Éste ha sido el fenómeno de transformación de las nuevas tecnologías de información y del conocimiento, comunicación de la cual carecen los medios analógicos.

La conclusión a la que podemos llegar es que en los medios mexicanos no existe una verdadera interactividad con los usuarios.2

Una de las razones de tal carencia es que para tener interactividad en un medio se necesita de varios factores, entre ellos que el mismo periodista lo entienda y lo sea. Ello ha originado un círculo vicioso que no se ha transformado en virtuoso. En otras palabras: debido a que los medios en línea desconocen los intereses y necesidades informativas del público, no hay una producción informativa que satisfaga las necesidades de ese usuario. Por eso mismo, las consultas se reducen y no se vende publicidad.

Además, la interactividad constituye una característica que exige un mayor compromiso de las redacciones. Para ello también es conveniente contar con personal capacitado para una redacción propia del medio digital y no del análogo. Este personal puede ser el siguiente: buscador de información en la red, freelance digital, asistente de información en la redacción y limpiador de ruido informacional. Sin embargo, aumentar el número de personal requiere de una inversión que sólo algunos empresarios han querido financiar.

Contenidos

En la industria de los contenidos tenemos la aparición del siguiente personal: responsable de contenidos, broker de información, redactor-copy y auditor de información, quienes no se encuentran únicamente en páginas periodísticas, sino también en sitios de contenidos diversos.

En tal terreno nos preguntamos: ¿cómo debe prepararse un periodista del medio digital? Lo cierto es que hasta ahora el ciberperiodista se ha capacitado en diplomados. Los tiempos exigen que todas las currículas de las escuelas o facultades de comunicación incluyan en sus programas una línea de materias relacionadas con el ciberperiodismo como un espacio laboral creciente. Sin embargo, se siguen conservando planes obsoletos y poco vigentes con las necesidades actuales.

En realidad, los contenidos de los medios digitales, y en general de Internet, son construidos por diseñadores e ingenieros en sistemas, pero no por ciberperiodistas o comunicólogos, quienes tienen la obligación de ampliar sus márgenes de maniobra en esos linderos.

Por lo que toca a la mundialización, los medios desarrollados del país son los que tienen más visitantes extranjeros, considerando su público ubicado principalmente en Estados Unidos, América Latina y España. Los medios menos desarrollados han focalizado a sus usuarios en su entorno geográfico, no en otro espacio sociocultural.

Lenguaje

Sobre el lenguaje periodístico de la Internet existe una configuración del mismo, ya que desde hace 10 años se construye su retórica. No olvidemos que el periodismo digital tiene su antecedente en el periodismo electrónico, particularmente en el videotexto y el teletexto. Hasta el momento tenemos géneros periodísticos donde hemos observado variables que se reconfiguran.

Noticia: En la noticia no sólo se da y presenta la información, sino que se ha contextualizado de una manera amplia. Además, no tenemos una noticia más importante para todo el día: su ubicación y aparición cambia según la relevancia de los hechos. El lead presenta lo más importante, pero no se da repuesta a las cinco preguntas básicas. En cuestión de redacción periodística, los párrafos no son equilibrados: ahora es exclusivamente una o dos frases largas las que lo integran.

Crónica y Reportaje: Podemos hablar de que la estructura y el fondo permanecen. La diferencia radica en el recurso multimedia que tiene en cada una de las secciones. Se convierten en géneros multimedia como una unidad de redacción donde el audio, el video, la infografía y el texto deben integrarse. El contenido es por niveles de profundización, según el interés del usuario. Cada uno selecciona la información que quiere conocer. La ventaja de contar con los niveles de profundización es que según el interés y tiempo del usuario, se consumirá la información periodística. Aquí es donde los géneros encuentran sus propios códigos de la convergencia digital. Resulta imprescindible pensar en conjunto sobre el interés periodístico, las características de las nuevas tecnologías y la interactividad del usuario.

Artículo: En este nuevo medio, y gracias a la interactividad (de quien la tiene), el receptor se convierte en un articulista más. Se presenta una bidirección donde el emisor y el receptor se encuentran en el mismo plano. Los canales se multiplican y los emisores y receptores se confunden e intercambian sus papeles. La característica clave de Internet es la comunicación individual y en grupo: de uno individualmente hacia otro, y de uno hacia muchos y viceversa.
El problema radica que en México menos de 5% de los sitios Web en torno a medios tradicionales ha logrado dicha interactividad.

Con los temas de debate y las discusiones en grupo que se encuentran en la mayoría de los periódicos on line, los lectores y el medio logran una verdadera comunicación. Así se termina la relación unilateral, unidimensional y unidireccional de antaño. Nace el artículo del público que no se ubica en la radio, la televisión y la prensa tradicionales.

En el caso de los medios mexicanos se ha imitado el desarrollo del lenguaje ya establecido en otros medios internacionales. Los niveles de lectura se ubican en los periódicos de élite, así como la hipertextualidad y profundidad. El usuario de Internet consume la información por niveles y no por la extensión. Los enlaces permiten viajar a varios caminos dependiendo del aspecto sociocultural de cada individuo, pero pocos son los medios en el país que explotan tal retórica: la gran mayoría presenta al usuario los contenidos en un solo nivel.

Relacionado con lo anterior también ubicamos el diseño. Por ejemplo hace cinco años, El Universal on line todavía presentaba la noticia de ocho columnas, pero hoy esa tendencia ha desaparecido exclusivamente en los medios de élite. En el resto, más de 80%, prevalecen los diseños cansados, cargados y muy largos.

Comentario: México no se destaca por tener una gran proyección en los medios, más en los electrónicos, si no porque realmente el gobierno no le da el gran apoyo que deben tener ya que son la fuente principal para informar ala sociedad y saber como se pude encontrar la información ya sea como uno de los principales emisores , que tienen que contener una eficacia y objetividad , para que la gente puede entender y saber la realidad del país que se vive en nuestros tiempos ya que en unas ocasiones son censurados algunas de las noticias donde se sabe que existió un problema político y seve involucrado el gobierno, con el fin de ocultarles sus engaños para su beneficio.

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Titulo: ¿Qué dijo?

Autor: Mario A. Campos
Fuente: Revista Etcétera

Fecha: 23 Marzo de 2007
Género: Nota informativa
Medio: Periodismo

No odies al mensajero, odia al mensaje. Es la defensa que se hace del papel de los medios cuando son criticados por sus contenidos, a lo que se suele responder que lo que realmente incomoda es la realidad. Sin embargo, en las últimas semanas se han producido tres casos que ponen en duda esta justificación.

El primero saltó a la luz luego de que el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, admitiera en entrevista con Carlos Loret que se investigaría cualquier posible vínculo entre el crimen organizado y la policía de Acapulco, respuesta que perdió toda ambigüedad cuando la mayoría de los medios leyeron en estas palabras una confesión de las investigaciones que el gobierno estaría realizando a la administración de Félix Salgado Macedonio.

Releyendo las declaraciones del funcionario quedaba claro que nunca hizo tal afirmación y que, al menos en esta ocasión, tenía razón el alcalde al afirmar que lo que se investigaría serían las amenazas en su contra y no sus posibles ligas con el narco. No obstante, la cargada mediática hizo su trabajo, la sospecha quedó sembrada, y cuando la administración federal respaldó al presidente municipal, los mismos medios presentaron la información como una rectificación o contradicción.

El segundo ejemplo, también de serias repercusiones, giró en torno al mandatario venezolano Hugo Chávez que en una entrevista con la agencia de noticias alemana DPA, se refirió al "Caballerito", personaje al que reprochó por su política exterior. La nota es que de acuerdo con ese servicio de información, el destinatario de las críticas era el presidente mexicano, Felipe Calderón.

Ante la difusión del texto hubo reacciones dentro y fuera de la clase política. Algunos analistas lanzaron artículos, editoriales y comentarios con señalamientos en contra del chavismo y hasta el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, salió en defensa de la investidura presidencial, respuesta que se vio acompañada por declaraciones del mandatario mexicano en las que parafraseó una canción de su tierra, Michoacán: "Aquí no conocemos los tales valentones, pero si es necesario nos sobran corazones".

Con los antecedentes de la difícil relación entre México y Venezuela a nadie sorprendió el nuevo encontronazo. Hasta que la propia agencia dio a conocer que el verdadero blanco de las críticas de Chávez no era Calderón sino el estadounidense George W. Bush.

La corrección puso nuevamente en duda la fiabilidad del sistema de información internacional, pues bastó con que la fuente original diera por buena la historia para que parte de la prensa mundial se enfocara en la búsqueda de reacciones, incluso cuando desde algunas trincheras ­como el diario El Universal de Venezuela­ se presentó la aclaración desde el inicio de la controversia.

Finalmente, la prensa estadounidense nos regaló otra joya cuando se desató una intensa movilización policiaca en la ciudad de Boston. Todo empezó cuando los medios reportaron la existencia de objetos sospechosos, que presumiblemente se trataban de potenciales explosivos.

Luego de horas de suspenso se supo que eran, simplemente, artículos promocionales de Cartoon Network. Empresa que además pertenece al mismo consorcio que controla la poderosa empresa CNN. Si bien el incidente remite al clima de terror que ha inculcado el gobierno estadounidense a sus habitantes, resulta imposible explicar esta historia sin mirar al papel de los medios como cajas de resonancia que convirtieron una duda ­razonable o no­ en un tema de seguridad nacional.

Tres casos que nos recuerdan la importancia de poner la lupa no sólo sobre los mensajes, sino sobre los propios mensajeros.


Comentario: En los medios de comunicación y principalmente en la televisión tratan de ocultar la realidad que se vive en la política y algunos conflictos que se genera entre el gobierno al no querer que los medios nos tengan al tanto de la mediocridad que existe en un país, pero cabe de destacar que, el medio impreso unos de los pocos en donde se puede hablar un poco mas claro, en casos en donde lagunas veces tienen que retirar lo escrito y retractarse de lo que se dijo, para perjudicar a los que tienen el poder de las empresas , para no perjudicar su valor monetario que existen en ellas, a través de su propio beneficio.


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Titulo: Controversia entre los medios de comunicación y el Gobierno

Autor: Juliana Fregoso Bonilla

Fuente: Revista chasqui

Fecha: No dice

Genero: Ensayo

Medio y Televisión

Una de las características del sistema político mexicano es su difícil relación con los medios, caracterizada por ser a la vez tan lejana como cercana. Por un lado, cada gobierno de turno busca limitar la crítica a sus acciones, pero, a la vez, busca influir en la opinión pública, con el objetivo de utilizar a los medios como un instrumento efectivo para, en el mejor de los casos, “trascender”, o en su defecto asegurar la siguiente elección a su favor.

En esta relación de uso-beneficio, también los medios de comunicación se erigen como grupos de presión que si bien aceptan ciertas limitaciones a la crítica, ejercen su derecho de cobrar por los favores hechos al sistema.

El año 2000 no sólo significó para México el cambio del partido político en el poder. Con la llegada del conservador Vicente Fox (Partido Acción Nacional) inició también un gobierno mediático, en el que los logros de las políticas sociales se aprecian más en la propaganda que en los hechos.

A dos años de asumir el poder, y tras romper con más de 70 años de dominio del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Fox ha dado continuidad a la tirante relación medios-gobierno, que ha derivado en enfrentamientos con los reporteros, a quienes acusa de orquestar campañas de desprestigio, como venganza por la desaparición de una serie de prebendas, de las que, según el Presidente, gozaban con los anteriores gobiernos.

Sin embargo, ante la incapacidad de su administración para cumplir con las promesas de campaña y satisfacer las expectativas depositadas por los electores, Fox se ha visto en la necesidad de establecer un pacto con la radio y la televisión en México.

El 10 de octubre del 2002, bajo el auspicio del llamado “Gobierno del Cambio”, se tejió uno más de los hilos en la relación Medios-Gobierno en el país.

Para disgusto de muchos y sorpresa de pocos, el Presidente Fox emitió un decreto en el que la administración federal eliminó el 12.5 por ciento de tiempo oficial de transmisión al que tenía derecho el Estado, tanto en radio como en televisión (equivalente a tres horas diarias de programación).

A cambio, recibirá de los medios electrónicos 18 minutos diarios de programación en televisión y 35 minutos en radio.

Las modificaciones implican que la transmisión de los programas oficiales ya no será de madrugada, cuando la mayoría de la población duerme, sino en horarios considerados como los de más alta audiencia (entre las 6:00 y las 24:00 horas), lo cual permitirá al gobierno federal hacer llegar sus mensajes de manera más efectiva, pues competirá con patrocinadores de telenovelas y programas cómicos.

“La nueva segmentación ofrece mayor versatilidad, pero no es obligatoria. Esto permite la emisión de mensajes breves que tienen mayor impacto y penetración, sin demérito de la profundidad que ofrecen los programas de 5 minutos o más”, justificó la Secretaría de Gobernación en un desplegado publicado en la prensa escrita el 18 de octubre.

El acuerdo trae como resultado hacer más eficiente el uso de los medios en aras de difundir los programas oficiales, con miras a los cambiantes tiempos políticos mexicanos que arrancan en el 2003 con las elecciones legislativas, en las que el Presidente necesitará ganar la mayoría en el Congreso, para garantizar la aprobación de sus programas y presupuestos que, hasta ahora, han sido bloqueados por la oposición.

También lleva implícito el inicio temprano de la elección presidencial del 2006.

La historia de los tiempos oficiales

La radio y televisión en México operan bajo un sistema de concesiones en el que las empresas son dueñas de los activos, pero el gobierno es propietario de las frecuencias, que las revalida o suspende a discreción del Presidente de turno.

Como ejemplo, en 1968 el gobierno hizo uso de su derecho como propietario de las frecuencias e intentó supervisar el contenido, sobre todo, de programas noticiosos.

La difusión de las protestas de los estudiantes, previo a la represión del 2 de octubre del 68 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, molestó al entonces Presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien ejerció un control cuasi-absoluto de los medios electrónicos y escritos.

En particular la radio y televisión fueron objeto de turbias negociaciones a las que, para conservar sus concesiones, se les pretendió cargar un impuesto del 25 por ciento mensual sobre sus ingresos por publicidad, lo que elevaba los precios a los anunciantes y disminuía las ganancias para los medios.

Ante la molestia de los empresarios del ramo, la Presidencia ofreció una segunda opción: que las empresas colocaran el 49 por ciento de sus acciones a la venta, lo cual daba al Gobierno la posibilidad de comprar las acciones.

Ninguna de las posibilidades agradó a los empresarios, por lo que se buscó un nuevo acuerdo: que las estaciones de radio y televisión cedieran más tiempo gratuito al Estado, que los concesionarios garantizaran mejoras en su programación dando al Gobierno el derecho de revisar, cada cinco años, si se cumplía con esta obligación y que, si el Poder Ejecutivo consideraba que algún tema perturbaba la paz pública, podría llamar la atención al licenciatario (el dueño del permiso o concesión de transmisión).

El arreglo final se publicó el primer día de julio de 1969 y contemplaba que el impuesto se cubriría si se ponía a disposición del Estado el 12.5 por ciento de tiempo diario, pero ante la incapacidad del Gobierno para realizar producciones de calidad o capaces de atraer al público, con el paso de los años el uso del tiempo oficial se haría en horarios de madrugada.

33 años después

El tiempo pasó y los tiempos oficiales quedaron temporalmente fuera de la polémica entre los medios y el gobierno.

Nuevos sucesos políticos y sociales plantearían a la Presidencia la necesidad de ejercer un nuevo control sobre lo que se difundía en la radio y la televisión.

La urgencia de informar, en tiempo real, sobre el alzamiento del insurgente Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 1 de enero de 1994; el asesinato del candidato oficialista a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de ese año; la devaluación económica de 1995 y el entonces fenómeno Fox durante la lucha presidencial del 2000, parecía que terminarían con el control del gobierno sobre los medios.

A más de tres décadas de las negociaciones del tiempo oficial, todo sigue igual en lo que a concesiones se refiere, sólo que ahora el control lleva implícito un acuerdo mutuo.

Esa nueva relación del gobierno con los medios no es bien vista por distintos sectores en México. Uno de esos sectores es el encabezado por una comisión multipartidista de legisladores que busca promover una controversia constitucional para anular este decreto presidencial y restituir al Ejecutivo los tiempos oficiales fijados hace más de 30 años.

Los cambios en los tiempos oficiales dan a la Presidencia de la República la oportunidad de llegar a un auditorio más amplio, pero quitan a otras entidades oficiales como el Poder Legislativo y las Secretarías de Estado, la posibilidad de acceder a un espacio en radio y televisión, aunque sea de madrugada.

Fox obtuvo lo que buscaba: una mayor promoción para dar continuidad a un gobierno mediático, en el que los programas sociales y de infraestructura fueron sustituidos por el culto a la imagen.

Mientras, para los industriales de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, la negociación es un símbolo de los nuevos tiempos y un lastre menos para la libertad de expresión, para el foxismo significa un factor de presión, en un contexto en el que está pendiente la reforma del estado, en cuyas negociaciones, los grupos de oposición pensarán que si el Presidente cedió ante los medios de comunicación, también deberá ceder ante ellos en asuntos que sí implican un cambio más de fondo en la conducción de las políticas públicas.

Al darse el anuncio del cambio en los tiempos oficiales, la radio se limitó a explicar en qué consistía el acuerdo, pero las dos televisoras más importantes del país, Televisa y TV Azteca, a través de sus noticieros estelares, hicieron un inusual alarde de lo que para ellos era una nueva etapa en las relaciones entre el gobierno y los medios de comunicación, en la que se dejan atrás medidas de “represión” para controlar la opinión pública.

Para todos quedó claro que, de momento, la radio y la televisión no serán un espacio crítico, pues desde el anuncio de la reducción en los tiempos oficiales nació una nueva alianza Fox-medios.

El conductor estelar de Televisa, Joaquín López Dóriga, en su edición del Noticiero, el mismo 10 de octubre, saludó la medida como una “decisión de los nuevos tiempos”.

En el mismo tono, Javier Alatorre, conductor del noticiero Hechos de TV Azteca, agradecía entre líneas al foxismo por las nuevas reglas.

“Hoy, el Presidente Vicente Fox corrigió esta barbaridad histórica (los tiempos oficiales obligatorios), y en un reconocimiento a la responsabilidad de los medios, decidió eliminar este absurdo impuesto”, editorializó Alatorre.

Para los grupos radiofónicos el beneficio fue casi inmediato, pues el 4 de noviembre, ocho de las once principales cadenas de radio en la capital del país firmaron un acuerdo para reducir en 50 por ciento sus tarifas publicitarias, lo cual les abre campo para atraer a un mayor número de clientes, después de 7 años en los que la baja en las ventas, el recorte de personal y la operación en número rojos han sido una constante en las empresas de comunicación.

La pareja presidencial a cuadro

La discusión sobre la negociación entre el gobierno de México y los medios electrónicos tiene otra arista en la que se involucra, como lo ha estado haciendo últimamente en los asuntos de Estado, a la primera dama Martha Sahagún de Fox, quien durante el primer año de gobierno fungiera como vocera presidencial y fuera la responsable de construir un muro entre los medios y Vicente Fox.

Este acuerdo permite, en primer término, borrar las antipatías que generó en los medios Sahagún, durante su etapa como vocera presidencial y, en segundo término, fue una respuesta de los esposos Fox a los favores recibidos de los medios electrónicos, en cuanto a la difusión de sus atributos personales, principalmente en lo concerniente a la fundación filantrópica “Vamos México”.

Para su proyecto filantrópico, la señora Fox ha recibido importantes apoyos de Televisa (la principal televisora del país), entre ellos, el pago de los gastos de organización de un concierto del cantante inglés Elton John para recaudar fondos a favor de “Vamos México”.

Dentro de esta cadena de promociones personales gratuitas también se añade al actual secretario de la gobernación, Santiago Creel, quien en aras de una candidatura presidencial hacia las elecciones del 2006, favorecería la negociación entre la administración Fox y los industriales de la radio y la televisión. No hay que descartar que en el 2003 habrá en México elecciones para renovar el Congreso y en las que se prevé que el partido de Fox, el PAN, no podrá alcanzar la mayoría para dominar el Legislativo y facilitar la aprobación de las iniciativas del Estado.

Los beneficios de parte y parte

La reducción en el tiempo oficial da a cada una de las partes lo que más necesita:

Al gobierno, la posibilidad de trascender mediante obras mediáticas.

A la radio y la televisión un beneficio económico. Para muestra basta un botón: según los últimos informes trimestrales de la Secretaría de Hacienda, el tiempo fiscal que utilizó la Presidencia de enero a septiembre equivale a 306.8 millones de pesos, a un costo de 425.4 pesos el minuto en televisión y 13.1 pesos el minuto en radio.

Para una televisora que transmite hasta 24 horas al día, el tiempo fiscal significada otorgar 180 minutos al Estado, lo que implicaba un valor estimado de 76.576 pesos diarios.

Ahora, con los 18 minutos, el costo actual sería de 7.658 pesos, una reducción del 90 por ciento.

En el caso de una radiodifusora que transmite todo el día, el anterior tiempo fiscal acarreaba un costo de 2.530 pesos al día. Ahora, con la obligación de dar a Estado sólo 35 minutos, el costo será de 457 pesos, 81 por ciento menos.

Mientras tanto el debate continúa, ante todo por la nueva etapa que marcan estos cambios en la relación entre el gobierno y los medios, no en lo concerniente a la libertad de expresión, sino en el manejo discrecional entre ambos.

CUADRO 2

Con el Decreto Presidencial para modificar los tiempos oficiales en México, estos quedan de la siguiente forma:

Medio
Televisión
Radio

Tiempo (antes)
180 minutos
180 minutos

Tiempo (ahora)
18 minutos
35 minutos

  • Los minutos son por día

FUENTE: Decreto Presidencial que Modifica los Tiempos Oficiales en Radio y Televisión

Comentario: lo que creo, que el gobierno de México debe ponerse más de acuerdo con los medios de comunicación por lo que nos resulta para nosotros muy confuso todo esto sobre el tiempo que se maneja en el tiempo de los minutos en la tele, radio, desde hace varios sexenios se viene arrastrando con estos permisos y nuevas leyes, nose diga de la censura que se genera con estos problemas en algunas empresas de televisión, pero porque en algunos casos le gobierno manipula a la gente que informa esto se debe acabo de las represiones que entre ellos se manejan y por los favores que se deben mutuamente, claro como saben que el público a ciertas horas de la noche ve la tele buscan promocionar sus campañas de gobierno donde nos informan de ciertas cosas un ejemplos seria de cómo se combate la violencia junto con el narcotráfico, también las principales televisoras del país son las encargadas de aplaudir los nuevos beneficios que les ofrece el nuevo gobierno que según fue el del cambio.

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Titulo: Periodismo del futuro.

Autor: Lizy Navarro
Fuente: http://www.lacoctelera.com/gvd
Fecha: Lunes 7 de Marzo de 2007
Género: Nota informativa
Medio: Periodismo

Hoy día se está configurando el nuevo perfil que deben tener los periodistas y el que demanda las empresas. Los nuevos comunicadores están abriendo un espacio donde interactúan e imprimen su código genético al naciente medio.

Algunos han llamado al nuevo periodista periomático, neologismo para denotar a los informadores o periodistas adaptados al periodismo del futuro.

En la historia de la humanidad siempre han existido nuevas tecnologías como la rueda, la imprenta, la brújula, el ferrocarril, el teléfono, las redes telemáticas, la Internet. La tecnología ha estado en el centro mismo del progreso humano desde tiempos inmemoriales.

La evolución tecnológica acorta cada vez más los ciclos de la innovación y asienta con mayor rapidez las soluciones que definen su efímera actualidad. La invención de la imprenta revolucionó la comunicación: la información pasó de ser elitista a ser accesible.

El término Nuevas Tecnologías hace sentir y pensar una realidad especial, distinta, fuera de lo común: una superioridad frente a otras generaciones. El nuevo paradigma es bautizado como la tecnología de la información, el ciberespacio, la sociedad de la información, la edad de la convergencia, la superautopista de la información, highways of information para los de habla inglesa, inforoutes o informatique para los de habla francesa, cuya característica fundamental es el networking (o transmisión en cadena) global. La cuestión es estar unidos en un mismo mundo –no importa si el mercado lo maneja–, un mundo virtual, aunque no sea el real.

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), una tecnología que alcanza los 50 millones de usuarios ya es considerada como de aceptación generalizada. A la radio le costó cerca de 38 años tener ese nivel; a la computadora, 16 años y a la televisión, 13. Con la Internet y la web, el fenómeno se desarrolló en forma diferente, pues en sólo cuatro años tuvo dicha aceptación generalizada.

El español Manuel Castells habla de cinco características del paradigma de la Tecnología de la Información:

1) La información es su materia prima.

2) La capacidad de penetración de los efectos de las nuevas tecnologías. Todos los procesos de nuestra existencia individual y colectiva están directamente moldeados por el nuevo medio tecnológico.

3) La lógica de interconexión de todo sistema o conjunto de relaciones que utilizan las nuevas tecnologías de la información.

4) Se basa en la flexibilidad. No sólo los procesos son reversibles, sino que las organizaciones y las instituciones se pueden modificar e incluso alterarse de forma fundamental mediante la reordenación de sus componentes.

5) La convergencia creciente de tecnologías específicas en un sistema altamente integrado, dentro del cual las antiguas trayectorias tecnológicas separadas se vuelven prácticamente indistinguibles.

Brecha digital

El paradigma de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) ha penetrado la totalidad de los espacios de la existencia humana. Para ello, los 191 Estados miembros de Naciones Unidas se comprometieron a alcanzar ocho objetivos fundamentales para el año 2015 (véase Tabla 1), y dentro de esos objetivos se debe formar al profesionista que asuma la responsabilidad de los retos de la comunicación e información en estos nuevos espacios de las TIC.

Evidentemente no todas las instituciones educativas en las cuales se imparten programas de licenciatura o posgrado en comunicación, disponen de los recursos económicos necesarios para realizar las adecuaciones indispensables a sus instalaciones e infraestructura. La gestación de una especie de brecha digital en las escuelas y universidades definitivamente incidirá en las oportunidades de desarrollo profesional de sus egresados.

Es precisamente en las facultades o escuelas de comunicación donde debemos formar a los profesionales de la comunicación e información que enfrenten los retos de las nuevas tecnologías, sobre todo que respondan a las necesidades de los usuarios. No sólo se presenta información de actualidad en la Internet, es decir, contenidos periodísticos en los cibermedios; también en la red viajan miles de millones de páginas con temas diversos. Lo más viable es que el único responsable del manejo de dichos contenidos sea el comunicólogo, siempre y cuando esté capacitado para ello.

Es esencial formar al ciberperiodista para que explote y aproveche la red como un espacio de información e interacción, comprendiendo que está frente a una nueva realidad, ante elementos de comunicación con los cuales no se había enfrentado: la interactividad, los códigos y las prácticas discursivas del nuevo medio.

No basta con enseñarle al estudiante la pirámide invertida; hoy día es necesario trabajar elementos como la hipertextualidad, enseñarle a redactar y a construir los mensajes desde la convergencia digital y de los diferentes medios, los géneros multimedia, las infografías digitales.

El más antiguo de estos modelos o proyectos fundacionales –cita Raúl Fuentes Navarro–, el de la formación de periodistas, es también el más fuertemente arraigado en las escuelas, aun en aquéllas que fueron instituidas ya como escuelas de comunicación y no como de periodismo.

Revisando los programas de las licenciaturas de comunicación e información, podemos observar que actualmente no existe esa formación periodística. Pocas son las instituciones que tienen dicha especialidad como la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo con un área de énfasis en periodismo; la licenciatura en periodismo y comunicación, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro; la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, con la especialidad en reportero; la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, y la Universidad Anáhuac, con la preespecialidad en radio y periodismo. Es decir, ese enfoque periodístico ya no es central en la mayoría de las escuelas de comunicación y periodismo. Si hacemos un análisis profundo entre la seriación de algunas de las materias de los programas, observamos que no existe ninguna relación entre una asignatura y otra, en varias de ellas se repiten los contenidos y sólo se presenta lo más básico del periodismo.

Resulta obligada y urgente la actualización de los programas, no sólo con nombres que suenen atractivos para el alumno sino con una verdadera construcción de sus contenidos. Con el desarrollo en los años noventa de la Internet y con los más de 12 años de ciberperiodismo, dicha actualización es imprescindible ante las TIC, ante los espacios laborales emergentes en torno al ciberperiodismo y ante los desafíos políticos actuales en México a través de los cuales debemos fortalecer el ámbito académico.

El papel del comunicólogo

En un análisis realizado a los medios de comunicación en la Internet en México, se pudo observar que más de 75% de las páginas en línea son administradas por diseñadores gráficos o ingenieros en sistemas, quienes tienen mínimos conocimientos en torno al espacio informativo y de contenido. Sobre todo en la comprensión del impacto sociocultural de las TIC.

La construcción de esos espacios de comunicación debe ser ocupada precisamente por los comunicólogos. Sin embargo, esa magia de conocer los programas de informática hace que todo usuario se sienta experto en este ámbito. De hecho, tenemos esa gran posibilidad ahora con los blogs, pero el comunicólogo debiera ser el verdadero responsable, pues es quien conscientemente sabe de los efectos que causarán los mensajes.

Sin embargo, los egresados de comunicación y periodismo no cuentan con las competencias y habilidades para asumir dichos quehaceres profesionales. Los conocimientos de informática y de las nuevas tecnologías son mínimos y aparecen como parte de otras materias, pero no como asignaturas independientes en los programas académicos.

Faltan, por supuesto, contenidos con elementos de análisis y reflexión de los nuevos espacios de comunicación, así como tesis que presenten una investigación profunda de los efectos y producción de tales mensajes.

Conocer desde sus receptores, códigos, prácticas discursivas, principios éticos y legales, hasta las posibilidades empresariales de dichos medios, obliga a que desde los programas de licenciatura se prepare a los estudiantes en torno a este nuevo paradigma. Algunos lugares ya lo están haciendo como el Centro de Formación y Perfeccionamiento de Periodistas con sede en París, el cual ofrece un programa de especialización de periodismo en línea.

En 1994, fueron los periodistas audaces y sobre todo jóvenes con una apertura mental, quienes creyeron en la transformación del periodismo y aprovecharon la tecnología de la red. Hoy, después de 12 años, la preparación que fueron adquiriendo de manera autodidáctica se debe transformar en estudios académicos institucionalizados en diferentes escuelas.

Son pocas las instituciones que han incorporado en la currícula de licenciatura una línea completa en donde se prepare al estudiante para comprender teóricamente y aprender en la práctica la forma de trabajar en los medios instalados en la red. Hasta el momento sólo siguen las especificaciones en la currícula para los medios tradicionales: radio, televisión y prensa.

Hasta hoy han funcionado los diplomados, especialidades o masters en los cuales se adquieren los conocimientos necesarios para trabajar en la Internet. Para las páginas que no manejan información periodística también es importante que cuenten con los expertos en la construcción de información, no en archivarla, sino en presentarla de acuerdo con la nueva retórica.

Recordemos que la exigencia en la formación del periodista no sólo debe reflexionarse y ocuparse por esta irrupción de las TIC; es vital que sea a través de una mayor formación académica en donde estemos formando a los futuros periodistas.

También es importante comprender el protagonismo del periodista en torno a la convergencia digital y al ordenamiento de los saberes. Hemos hablado de que el periodista es hoy un facilitador o un intermediario del proceso de la comunicación. Alrededor de la actividad informativa a través de la red y junto con el ciberperiodista, han surgido nuevas profesiones tanto en la industria de la información como en la de contenidos (véase Tabla 2).

Hacia la especialización

Hoy día es necesaria la creación de un entorno adecuado con estudios de eficacia en relación con el costo, desarrollo de contenidos, formación de personal docente y, sobre todo, políticas y planificaciones nacionales que son esenciales para el desarrollo de las TIC en la educación.

Los actuales programas curriculares limitan a unas cuantas materias la formación del futuro periodista. La especialización aún no se presenta en las escuelas de comunicación como una opción. Dichos programas deben tender a la especialización y además incluir prácticas profesionales. Es recomendable imitar parcialmente los modelos de las facultades de medicina, en donde el alumno tiene una incorporación directa a su ámbito de estudio.

Con el objetivo de conocer el estado actual de los programas de comunicación, revisamos 19 planes de estudios de escuelas y facultades de universidades del país, el programa de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid y un programa argentino de la Universidad Nacional de la Plata.

Las materias en torno a las nuevas tecnologías de la información y comunicación son en promedio dos en cada programa y en algunos de ellos no aparece ninguna materia relacionada. Se observa que no hay una seriación en dichas asignaturas encaminadas a la formación específica de una especialidad para el comunicólogo que trabaje en este espacio.

Algunas de las asignaturas contempladas en los 19 planes de estudio son las siguientes:

Aplicaciones culturales de la comunicación digital.

Arquitectura de nuevos medios.

Comunicación cultural y globalización.

Comunicación digital.

Comunicación en línea.

Comunicación global.

Comunicación y tecnología.

Comunicación y cultura en la era de la información.

Desarrollo de los medios electrónicos.

Diseño interactivo.

Diseño y producción digital.

Estética de nuevos medios.

Laboratorio de creatividad digital.

Nuevas tecnologías.

Nuevas tecnologías de la comunicación.

Nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Nuevas tecnologías para la producción de radio.

Producción multimedia.

Proyectos estratégicos de comunicación digital.

Tecnologías de la comunicación y sociedad.

Tecnología educativa.

Usos y apropiaciones de las tecnologías.

En el ámbito de la formación del periodista, es importante reconocer que a pesar de que la formación de este espacio fue el nacimiento de las carreras de comunicación, en muy pocas de ellas el egresado tiene las competencias para laborar como tal, mucho menos como un ciberperiodista. Las únicas materias enfocadas a ese terreno específico son:

a) Periodismo en medios electrónicos.

b) Periodismo en la red.

c) Periodismo en línea.

d) Diseño editorial por computadora.

Resulta paradójico que aun cuando casi todos los medios analógicos cuentan con un medio en la Internet, sólo ubiquemos en cuatro de los 19 programas analizados materias de ciberperiodismo.

Una de las instituciones de mayor referencia para la educación y formación periodística en Iberoamérica es la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid. En la licenciatura en periodismo localizamos asignaturas como Producción periodística en nuevas tecnologías, Influencia sociocultural de las nuevas tecnologías de la información, Políticas de telecomunicaciones y Gobierno en Internet.

Es interesante ubicarnos en los contenidos que se pueden incluir en la especialización como son los siguientes: Desarrollo histórico de Internet, De la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento, Comunidades virtuales, La interactividad en la red, Multimedialidad, Recursos y lenguajes, Contexto y características del hipertexto, Tipos de prensa en la red, La radio y televisión en Internet, Estilos y géneros en el periodismo web.

En estos momentos se está configurando el nuevo perfil que hoy día deben poseer los periodistas y el que demandan las empresas. Los nuevos comunicadores están abriendo un espacio donde interactúan e imprimen su código genético al naciente medio.

La redacción, la habitación física donde conviven los periodistas, se ha sustituido por una redacción virtual, que existe en las redes telemáticas. Pero el ciberespacio no será capaz de sustituir el trabajo del periodista. El usuario tendrá la necesidad de contar con alguien que le seleccione, informe, interprete y juzgue los hechos que acontecen en el mundo.

Desde su computadora, el periodista consultará sus archivos fotográficos y podrá comprobar la información en las bases de datos. El reportero no tendrá necesidad de ir a la redacción, sus órdenes de trabajo le llegarán a su computadora y desde ésta transmitirá su información ya redactada, con anexos de audio y video.

Algunos han llamado al nuevo periodista periomático, neologismo para denotar a los informadores o periodistas adaptados al periodismo del futuro, tal es el caso de José Francisco Sánchez. El proceso será lento, pero para los periodistas de la Generación Red no será difícil estar en este nuevo mundo. En las ciencias de la información deberá crearse una rama del periodismo en las redes telemáticas, tanto para iniciar la teoría de este nuevo medio como para capacitar a los informadores.

Fuentes

Armañanzas, Emy et al., El periodismo electrónico, Ariel, Barcelona, 1996.

Castells, Manuel, La era de la información. La sociedad red, vol. 1, Alianza Editorial, Madrid, 1998.

Cebrián, Juan Luis, La red, Taurus, Madrid, 1998.

Díaz, Javier y Koldo Meso Ayerdi, Medios de comunicación en Internet, Anaya, Madrid, 1997.

Díaz Nosty, Bernardo, Informe Anual de la Comunicación, Grupo Zeta, Madrid, 1998.

Escriche, Pilar et al., La comunicación internacional, Mitre, Barcelona, 1985.

Esebbag, Benchimol, Internet, Anaya Multimedia, España, 1998.

Fuentes Navarro, Raúl, La emergencia de un campo académico, ITESO, México, 1998.

“Informe Mundial sobre la Comunicación. Los medios frente al desafío de las nuevas tecnologías”, UNESCO/CINDOC, Madrid, 1998.

“Informe Mundial sobre la Comunicación”, UNESCO/CINDOC, Madrid, 1999.

Islas, Octavio, Explorando el ciberespacio iberoamericano, CECSA, México, 2002.

McLuhan, Marshall, La aldea global, Gedisa, España, 1996.

Martínez Albertos, José Luis, El ocaso del periodismo, Cims, España, 1997.

Martínez Albertos, José Luis, Curso general de redacción periodística, Paraninfo, España, 1993.

Muñoz, Pedro A., Un futuro interconectado y digital, Ericsson SA, Madrid, 1997.

Navarro Zamora, Lizy, Los periódicos on line, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México, 2002.

Quirós Fernández, Fernando, Estructura internacional de la información, Síntesis, Madrid, 1998.

Ramonet, Ignacio, La tiranía de la comunicación, Debate, Madrid, 1998.

R. Vilamor, José, Nuevo periodismo para el nuevo milenio, Olalla, Madrid, 1997.

Sahagún Felipe, De Gutenberg a Internet, Estudios Internacionales de la Complutense, España, 1998.

Sánchez, José Francisco (ed.), “El nuevo mapa informativo europeo”, en Actas de la IV Jornadas Internacionales de Ciencias de la Información, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1990.

Smith A., Goodbye Gutenberg, Gustavo Gili, Barcelona, 1983.

*Doctora en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora e investigadora

de la Escuela de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de San Luis Potos

Fuente: Revista Mexicana de Comunicación Fundación Manuel Buendia Marzo/2007

Comentario: Creo que como estudiante de ciencias de la comunicación me siento en la obligación de formarme y disciplinarme para poder informar a la sociedad con las nuevas tecnologías que nos enseñan en ciertas materias de la carrera , por lo que nosotros estamos en la obligación de aprender estas nuevas etapas como profesionistas para poder implementarlas al querer ingresar aun merado lleno de competencia ya sea en estas áreas de la comunicación, como s explicó en la nota que en la actualidad se están preparando nuevos profesionales con nuevas tareas a nivel del Internet por lo que este medio es el principal para el comunicador en donde esta lleno de información pero también hay que saberla manejar y mantener una correcta vía para un mejor desarrollo como futuros comunicólogos en la sociedad.

titulo democracia y programacion televisiva telebasura y

Titulo: Democracia y programación televisiva.
Telebasura y ética de la comunicación
Hugo Aznar.

Autor: Hugo Aznar
Fuente: Revista Telos
Fecha: Lunes 4 de Marzo de 2007
Género: Nota informativa
Medio: Periodismo

El texto crítica el éxito reciente de algunos discursos populistas que vienen asimilando el funcionamiento de la política democrática y la programación televisiva. Frente a ellos se plantea la duda sobre si las preferencias que mide la audiencia son verdaderamente libres y propias de los individuos y se recuerdan las exigencias normativas de los medios y profesionales de la comunicación.

Sinergias crecientes entre democracia y televisión
Últimamente asistimos al éxito de algunos discursos simplistas que asimilan el modo de tomar decisiones y de justificarlas en dos ámbitos sociales bien distintos: el de la programación televisiva y el del sistema democrático. Obviamente estos discursos no se refieren al funcionamiento institucional de la democracia como régimen político, pero sí –y ellos mismos la fomentan a la percepción popular de lo que puede significar tomar decisiones en una sociedad democrática. Los paralelismos entre estos dos ámbitos sirven para establecer sinergias crecientes entre ellos y para favorecer préstamos mutuos de legitimidad. Así, cuando se trata de justificar la programación televisiva se hace cada vez más en términos de su carácter democrático, en el sentido de que responde a las preferencias de la audiencia. En la dirección opuesta los políticos recurren cada vez más a la legitimidad y los recursos que asociamos con los índices de popularidad y de éxito propios de la cultura de masas.
Ciertamente la concepción de democracia manejada aquí es una concepción empobrecida. Se trata de una democracia puramente ¿preferentita? y ¿agregativa?, tal y como se plasma en el modelo de los sondeos de opinión: se pide a los individuos que manifiesten su preferencia particular respecto a una cuestión; se suman estas preferencias y se concluye que la decisión más democrática, y por tanto la mejor, es la que responde a la preferencia mayoritaria. La legitimidad de este modelo se pretende basar en la idea de que no caben los juicios previos de valor, que todas las preferencias son equivalentes y que lo más objetivo y neutral es limitarse a sumarlas para obtener resultados agregados que reflejen el sentir colectivo.

Los estudiosos tanto de la política como de los medios han acuñado toda una serie de términos para llamar la atención sobre estas sinergias crecientes entre la televisión y un concepto empobrecido de democracia. Así, el Consejo de Europa se ha referido a la “mediocracia” (Aznar, 1999b); Lawrence Grossman, antiguo periodista y directivo de la televisión estadounidense, a la “república electrónica”, o Giovanni Sartori (1998) a la “videopolítica” y a la “sondeocracia”. Comentaré muy brevemente dos de estos términos, especialmente útiles para lo que aquí planteamos.

El predominio político de la "democracia de audiencias"
El primero es el término “democracia de audiencias” propuesto por Bernard Manin (1998). Este autor estudia la democracia representativa moderna y señala tres fases diferentes por las que ésta habría pasado: a) el parlamentarismo del siglo XIX, b) el sistema de partidos de masas dominante en el siglo XX y c) la “democracia de audiencias”, nacida a finales del siglo pasado y con visos de dominar el recién iniciado. Con esta última denominación Manin quiere reflejar la creciente interrelación entre el sistema político democrático y el modelo de las audiencias televisivas. Hay varias razones que contribuyen a que éste sea el modelo dominante en un futuro inmediato:
1) A nivel político, por la crisis de las ideologías. Esta crisis favorece el desdibujamiento del perfil de las propuestas políticas, lo que, unido a la complejidad creciente de nuestras sociedades, hace poco productivo plantear programas políticos detallados. Frente a los grandes proyectos programáticos de otras épocas, se tiende a un ejercicio discrecional de la política. Como resultado disminuye el peso de las ideologías de los partidos y aumenta, en cambio, el protagonismo de los líderes y su capacidad para ganarse la confianza del público.
2) A nivel sociológico, desde los años 70 habrían comenzado a dejar de funcionar las correlaciones entre clase social y voto que manejaba la ciencia política (y que se suponía, además, que eran estables de por vida). En las últimas décadas se habría constatado un perfil más variable de los votantes; por ello mismo, también más permeables. Así se tendería a ver a los votantes cada vez más como una audiencia a la que ganar mediante campañas específicas, con reclamos estrella como la seguridad, la economía, el paro, etc. En vez de compromisos y vínculos fijos, se establecería con este nuevo público (audiencia) una relación más flexible, usando los índices de popularidad y los sondeos de opinión para conocer en cada momento su estado de ánimo.
3) Por último, las razones comunicativas: los procesos electorales y el ejercicio mismo de la política cada día están más influidos por los medios de comunicación social, con la consiguiente ganancia de peso de los recursos e imperativos de la comunicación mediática y el marketing electoral. La privilegiada posición de control que ostentaban antes los ideólogos y funcionarios de partido estaría siendo progresivamente sustituido por la de los expertos y asesores de comunicación.

Estaríamos por consiguiente inmersos en una tendencia (muy clara ya en EEUU) a asociar cada vez más democracia y sistema de audiencias. Se trataría de conocer y modelar las preferencias del público mediante sondeos y campañas, proponer un líder y unos programas ajustados a esas demandas, todo ello gestionado por asesores de comunicación, en un entorno dominado por el protagonismo de la televisión. Tendríamos de este modo, por el lado de la política democrática, un deslizamiento hacia el modelo propio de las audiencias mediáticas.

El predominio mediático de la "democracia semiótica"
Significativamente, por el lado de los estudios de comunicación de masas encontramos un planteamiento similar aunque de signo inverso. A la hora de elegir y justificar los contenidos de los medios se da una creciente apelación a supuestos democráticos basados en la mera agregación de las preferencias de la audiencia. El término de referencia en este caso es el de “democracia semiótica”, resultado de las posiciones revisionistas de izquierdas incorporadas a los Cultural Studies que aparecen en Gran Bretaña a lo largo de los años 80. Los planteamientos de izquierdas (de modo destacado la Escuela de Frankfurt) habían sido tradicionalmente muy críticos con la cultura de masas, demandando una cultura alternativa, ajena a los imperativos del capital y los entramados de la sociedad industrial avanzada y capaz de promover la emancipación del público. Sin embargo, los promotores de los Cultural Studies, reclamándose igualmente progresistas, adoptan un planteamiento que estiman menos elitista: insisten en el carácter activo de la audiencia y en su capacidad para reinterpretar los mensajes mediáticos. No hay necesidad de promover intencionalmente la autonomía de la audiencia puesto que ésta ya lo es; conclusión que parecía seguirse de los estudios de recepción en los suburbios de algunas ciudades industriales británicas de series televisivas protagonizadas por ricos. Con independencia de los contenidos e incluso de las supuestas pretensiones manipuladoras de los emisores, los receptores serían capaces de reinterpretar los mensajes recibidos.
Las consecuencias de este planteamiento han resultado singularmente paradójicas. La celebración de la autonomía (casi del buen juicio natural) de las audiencias sustituyó a la más sesuda y elitista crítica de la industria cultural que había venido realizando la izquierda tradicional. Y en la medida en que se acentúa la capacidad de la audiencia para reinterpretar los mensajes, disminuye la necesidad de discriminar cualitativamente o incluso de criticar los contenidos emitidos. De manera que deja de ser relevante determinar que un contenido mediático es mejor que otro: caso de poder hacerlo, resultaría superfluo ya que todo depende en última instancia de la interpretación de los receptores. He aquí la clave de la “democracia semiótica”: el receptor se hace soberano (como el consumidor en el mercado o el votante en las elecciones) y nadie tiene derecho a cuestionar las elecciones que haga la audiencia por sí misma.
Lamentablemente, un entorno donde los criterios cualitativos se vuelven irrelevantes y donde no hay razón para discriminar entre contenidos es el terreno abonado para que acaben imponiéndose los criterios cuantitativos. Lo correcto es lo que el público quiere y para precisarlo no hay mejor indicativo que los índices agregados de sus preferencias: los índices de audiencia ( 1). Es así como el dominio incontestable del mercado ha resultado paradójicamente avalado por una propuesta antielitista y progresista, originalmente de izquierdas. Otorgaban así el visto bueno al dominio del mercado precisamente quienes más debían habérsele opuesto.
La irrelevancia de establecer criterios para considerar mejor una programación que otra, la satisfacción de la audiencia como principio rector y el interés económico de llegar a la mayor cantidad de público posible –lo que suele conllevar un descenso del nivel de los contenidos (Aznar, 1999) – se conjugan para conducirnos irremediablemente a una cultura televisiva degradada. Una televisión que, sin embargo, puede aportar argumentos a su favor: al fin y al cabo se trataría de una programación antielitista, democrática y que daría al pueblo lo que éste pide. En el marco de esta “democracia semiótica”, el vínculo entre democracia y televisión tiende a adquirir el peor de sus perfiles al avalar los contenidos más zafios mediante el voto popular del mando a distancia, al vincular refrendo popular y telebasura (2). ¿Quién se atreve a objetar semejante democracia televisiva?
Telebasura y democracia es precisamente el título de una reciente obra del filósofo Gustavo Bueno que viene a avalar este vínculo. Sin entrar a valorar lo que un texto así representa en la trayectoria intelectual de su autor, lo cierto es que en él defiende abiertamente el vínculo entre mercado, telebasura y democracia, y lo considera incontestable a partir de la legitimidad de la última. La telebasura no es objetable porque es democrática: «En una democracia hay que aceptar sin duda, como un postulado (…) que el pueblo tiene siempre juicio al elegir. Y según esto habrá que decir, no solamente que la audiencia (…) es causa de la programación, sino también que es responsable de ella. Dicho de otro modo: que cada pueblo tiene la televisión que se merece». Por si esto no bastase, además tampoco cabe criticar esta televisión (degradada) puesto que nadie dispone de la autoridad para decir que algo es mejor o peor: «nos parece intolerable el proceder de quienes, erigiéndose en perros guardianes de la ortodoxia democrática, como si fueran conocedores de la esencia moral del género humano, pontifican sobre lo que debe o no debe ser la ‘televisión democrática’» (Bueno, 2002).
En la posición de Bueno se plasman los reduccionismos que indicábamos antes: el de una democracia reducida a puro ¿preferentismo?, a democracia de audiencias; el de una crítica de los contenidos sustituida por el voto del mando a distancia, por una “democracia semiótica”. Ambas parecen conjugarse para hacer incontestable el reinado vulgar de la telebasura. Con ello el vínculo entre democracia y televisión o, peor aún, entre democracia y telebasura no sólo se hace común entre quienes se benefician de él –como empresarios, profesionales y demás personajes habituales de este tipo de productos sino que además se escucha en boca de intelectuales o dirigentes políticos con escaso sentido de la responsabilidad.

Resulta urgente contestar a estos reduccionismos que hacen un gran daño a la cultura de la sociedad y que podrían acabar haciéndoselo también a su política ( 3). Esta contestación debe realizarse en las dos direcciones en que funciona el reduccionismo. En el plano político, recordando que democracia significa mucho más que sumar preferencias a la hora de tomar decisiones; cuestión de la que no nos ocuparemos aquí. Y desde el campo de la comunicación recordando que cabe discriminar entre preferencias y que por supuesto que existen criterios para considerar unos contenidos preferibles a otros.

Las preferencias deben ser informadas
A la hora de extrapolar la legitimidad del sistema democrático (obviamente en su versión reducida, es decir como simple cómputo de preferencias) al campo de las audiencias conviene recordar algunos requisitos relevantes. En primer lugar se requiere que las preferencias de la gente que se contabilizan sean propiamente suyas. Así, no podría considerarse válido un resultado que no fuera fruto de la decisión libre de los individuos.
Para que una decisión sea libre se requiere, en primer lugar, que sea voluntaria, es decir tomada sin coacción. Pero no es suficiente con esto: una elección podría ser voluntaria y sin embargo estar tan determinada o influida por otros factores que no pudiera considerarse como verdaderamente libre. Es lo que ocurre cuando elegimos engañados: tomamos la decisión voluntariamente, pero bajo unas condiciones en las que nadie diría que esa elección es libre. La preferencia resultante de un engaño responde en última instancia a la voluntad de quien nos engaña y no a la nuestra. La ventaja del engaño (o de la falta de información) sobre la coacción es que encima creemos que estamos eligiendo libremente cuando en realidad no es así.
Los sistemas basados en la elección de los sujetos requieren, por tanto, que su decisión sea verdaderamente libre y no simplemente voluntaria. Así, el sistema democrático establece ciertos procedimientos destinados a promover la autonomía del voto individual. También el mercado exige ciertas garantías para que la decisión del consumidor no sea manipulada por una oferta o una publicidad engañosa. Se trata de evitar los condicionantes extrínsecos demasiado fuertes y garantizar así un mínimo de información a la hora de establecer la propia preferencia. ¿Existen garantías similares en el sistema de audiencias?
Tomar conciencia de lo que puede influir en nuestras decisiones es una primera garantía para prevenir esa misma influencia. En el caso de los medios de comunicación y especialmente de los audiovisuales –donde la mediación técnica es esencial– esto significa que el público debería conocer los recursos técnicos y de otro tipo –como el marketing, la autopromoción, etc.– que pueden condicionar, sin saberlo, su decisión. Por poner sólo un ejemplo: deberíamos estar informados de que la velocidad de sucesión de las imágenes actúa como un mecanismo de atracción de la atención, que se puede explotar para inducir a creer que un contenido televisivo es más atractivo que otro. De este modo un recurso puramente técnico como acentuar los efectos lumínicos o sonoros acaba sustituyendo el esfuerzo de elaborar un guión o un contenido más interesante o mejor. Pero también debería saberse que forzado en extremo este recurso puede producir –como ya ha ocurrido en alguna ocasión en Japón y Gran Bretaña ataques de epilepsia fotosensible entre el público, sobre todo entre el de menor edad. ¿Qué elegiría entonces el público si supiera esto?
Para considerar libre una elección también hay que disponer de una cierta gama de alternativas y que éstas se presenten de forma transparente, sin manipulaciones ni condicionantes previos. Si el margen de elección ha sido fuertemente restringido de antemano (distribuyendo de una manera u otra los recursos, seleccionando determinados contenidos, etc.) o condicionado mediante decisiones previas (la principal de todas, situar los programas en unos horarios u otros), no se puede afirmar que el público elija libremente, aunque lo siga haciendo voluntariamente entre la gama (restringida y condicionada) de opciones que se le ofrecen. Ciertamente es el público el que hace zapping, pero dentro del margen establecido por unas decisiones previas de los programadores tan determinadas que llamar libres a las elecciones que hace el público con su mando resulta poco ajustado a la verdad.
También es especialmente relevante a la hora de considerar libre una decisión el conocer sus efectos y repercusiones. Y no sólo a corto plazo y para quien elige, sino en un plano más amplio. Esto se puede aplicar, por ejemplo, a las preferencias relativas a películas violentas, de las que existen fundadas sospechas de que acaban influyendo en el sentir colectivo de la sociedad. Es absurdo que nos digan que estas películas no tienen ninguna influencia los mismos empresarios que viven de la inversión de miles de millones en publicidad para influir en la gente. Y junto con el de la violencia hay otros efectos relativamente documentados, como el efecto Werther, el incremento de la anorexia y otros trastornos alimentarios, el aumento de la agresividad y la mala educación infantil, etc., provocados o favorecidos por los medios, especialmente la televisión. Todo lo cual la inmensa mayoría de la audiencia simplemente desconoce. ¿Puede decirse entonces que sus elecciones son libres careciendo de información acerca de sus posibles efectos? Para responder basta con recordar las actuales exigencias informativas relativas a los efectos del tabaco (que hacen que la elección de fumar sea más libre) y compararlas con lo que afirmaban las tabaqueras hace un par de décadas atrás.
De todo esto se sigue que los índices de audiencia puede que respondan a las preferencias voluntarias del público, pero también que están muy lejos de reflejar sus elecciones libres. De hecho, cuando se hacen estudios cualitativos o investigaciones mediante encuestas, los resultados son muy distintos de los que arrojan los audímetros. Al valorar estos resultados los gestores de las televisiones nos dicen que el público miente al contestar a las encuestas o que tiene vergüenza de reconocer lo que ve (lo cual ya es un buen indicador de la calidad de lo que se emite). Con ello, el ejercicio de cinismo de los responsables de las televisiones llega a su máximo: resulta no sólo que los gustos televisivos de la audiencia son pésimos, sino que, además, el público tiene complejo de culpa por ello y miente.

Cabe interpretar los resultados de estas encuestas de forma distinta: estas respuestas directas expresan mejor las preferencias libres del público, a diferencia de las preferencias manifestadas a través del mando a distancia, que están fuertemente condicionadas por factores extrínsecos (además de dudosamente calculadas, cosa en la que ahora no entramos). En tal caso ¿por qué considerar las preferencias calculadas por los audímetros como las verdaderas y en cambio las que la gente expresa directamente en las encuestas y los estudios cualitativos como las falsas? ¿Será porque las televisiones ganan mucho más con las primeras? En una sociedad neoliberal podemos entender que los empresarios de la televisión quieran hacer negocio fácil con la telebasura sin reparar en sus consecuencias; pero lo que constituye un ejercicio de hipocresía imperdonable es que encima afirmen que toda la responsabilidad de esta situación la tiene la audiencia.

Exigencias normativas de la comunicación
Supongamos, pese a todo, que un público consciente y bien informado siguiera prefiriendo ver los programas de peor calidad. En una sociedad democrática y abierta habría poco que objetar a esto, sobre todo desde un punto de vista estético o cultural. Sin embargo, esto tampoco significa que se pueda emitir cualquier cosa. Incluso en un escenario así hay que recordar que existen claros límites a lo que puede emitirse, límites que no tienen nada de subjetivo ni son mera cuestión de gustos.
Para empezar conviene recordar que los sistemas sociales no siempre actúan correctamente (ni por tanto son más democráticos) por dar al público lo que éste pide. Consideraríamos no sólo injusto sino absurdo un sistema sanitario que destinara más fondos a tratamientos contra la caída del cabello o para el mantenimiento de la figura por tratarse de preferencias muy comunes y que abandonara en cambio el cuidado de los enfermos de esclerosis múltiple por ser una ínfima minoría. Algo similar podría decirse de un sistema educativo que atendiera sólo a las preferencias de los educandos (habitualmente, no tener que esforzarse); o una justicia que se pareciese a los antiguos linchamientos, de gran éxito popular. Los sistemas sociales actúan correctamente (y bien entendido, también democráticamente) no cuando responden a las preferencias mayoritarias del público, sino cuando establecen criterios propios para guiar su actuación cualificada. Visto así, la legitimidad de su labor tiene que ver con el cumplimiento de las exigencias normativas internas propias de la función que realizan. Algo similar ocurre con la comunicación: también los medios cumplen una función social y, como otros sistemas, cuentan con sus propios criterios normativos y bienes internos. Por tanto, es absolutamente falso que no existan criterios para discriminar entre contenidos mediáticos. Y también es falso que estos criterios sean puramente subjetivos o fruto del designio de los profesores de ética y otros iluminados similares, como parece sugerir Gustavo Bueno. Más bien reflejan el acuerdo de quienes realizan esta labor comunicativa acerca de cuál es el mejor modo de llevarla a cabo y cuáles son los criterios y valores que la deben guiar; todo lo cual se recoge en numerosos códigos éticos de la comunicación aprobados por los propios profesionales de esta actividad ( 4).
En este sentido, un componente esencial de la formación de quienes se preparan para trabajar en los medios es precisamente conocer las exigencias normativas de su labor. Los profesionales de los medios no sólo deben aprender las técnicas que les permitan satisfacer las demandas del público (o las de quienes los contratan), sino ante todo deben conocer los criterios morales y jurídicos que deben guiar su labor cualificada: los contenidos propios del derecho y la ética de la comunicación. De manera muy resumida (tanto como para que su desarrollo constituya la materia completa de sendas asignaturas de las titulaciones universitarias de Ciencias de la Información o de la Comunicación) se pueden mencionar los grandes epígrafes que agrupan estos criterios normativos:
1) Para empezar, los profesionales deben aprender a discriminar entre las preferencias cualificadas y no cualificadas de los destinatarios: es decir, aprender a discriminar entre el interés del público –un concepto sociológico, puramente estadístico que refleja aquellos contenidos que interesan al público pero que carecen de cualquier legitimidad normativa para ser satisfechos, como por ejemplo conocer la vida íntima de alguien y el interés público –un concepto normativo que trata de indicar aquellos asuntos que deben constituir el centro de atención de una sociedad y que los medios tienen la obligación inexcusable de cubrir adecuadamente, sea cual sea la cantidad de gente interesada en ellos.
2) Deben aprender a reconocer las situaciones especiales que puedan plantearse, caracterizadas precisamente por el hecho de que las preferencias de unos pocos por recibir unos determinados contenidos deben anteponerse a las de cualquier otra mayoría. Un debate parlamentario, un especial informativo con motivo de un atentado, información sobre una epidemia, etc., deben anteponerse a otros contenidos aunque la demanda de estos últimos sea mucho mayor. Un buen profesional será precisamente quien sepa reconocer y reaccionar con prontitud ante tales situaciones.
3) Deben atender a los grupos de especial protección, sobre todo los menores (pero no sólo: también las personas mayores, los colectivos minoritarios, las mujeres en determinados casos, etc.), que deben tener trato prioritario frente a las demandas de otros. Un buen profesional debe tener presente estos colectivos y estar familiarizado con las exigencias éticas y jurídicas que su especial tratamiento demanda.
4) Deben conocer y respetar los derechos personales que puedan verse afectados por la comunicación (como los del honor o la intimidad, por ejemplo). Lejos de tratarse de consideraciones subjetivas, el respeto de estos derechos fundamentales está contemplado como límite de la libertad de expresión en la propia Constitución.
5) En último lugar, un verdadero profesional estará comprometido con la promoción de los valores de la comunicación (paz, tolerancia, respeto mutuo, educación, etc.), tal y como están proclamados y recogidos en la mayoría de los códigos de ética de la comunicación existentes.

Sólo la ignorancia, la irresponsabilidad o el interés de algunos pueden explicar entonces que se afirme que no existen criterios para discriminar entre unos contenidos y otros. Como hemos indicado, algunas de estas exigencias aparecen incluso en la propia Constitución, en otros casos se encuentran en los desarrollos legislativos referidos a la televisión. Y nunca faltan en los muchos códigos de ética de la comunicación existentes.

Conclusiones
Todo esto condensa (aunque por supuesto no agota) el aspecto normativo que debe acompañar en todo momento el funcionamiento de los medios de comunicación en una sociedad democrática como la nuestra. Confundir aquí (como en la mayoría de las otras esferas sociales especializadas) lo más democrático con la satisfacción de las preferencias mayoritarias de la gente es un ejercicio irresponsable de populismo, útil eso sí para legitimar las impresionantes ganancias que algunos están cosechando con el zafio negocio de la telebasura.

Conviene tener presente todo esto en un contexto donde se nos invita a considerar que todo vale igual, que sólo cuentan nuestras preferencias espontáneas y que, por tanto, cabe meter en un mismo saco democracia y telebasura. Basta pensar siquiera brevemente en aquellos que han luchado y perdido la vida por defender la democracia y la libertad de expresión para lamentar profundamente que se asocie la libertad con la telebasura, la democracia con el zapping. Confundir y mezclar estas cosas no puede hacer ningún bien a nadie, salvo a los pocos que obtienen beneficios de esa triste confusión sin reparar en el daño que están haciendo.

Comentario: como se ha dicho en varias ocasiones y claro no todos están al tanto de tanto beneficios que la tele tiene a través de los gobiernos que siempre son los encargados de manipular unas informaciones, siempre y tanto se encargue de dinero que se pase de bajo de la mesa para poder tener según una información limpia y transparente ante la audiencia, quienes las empresas de televisión y medios de comunicación dicen que el público es el encargado de solicitar lo que quiere ver o escuchar pero creo que todo esta muy manipulado por los monopolios que se manejan en las empresas televisivas.

titulo chiapas periodistas guerrilleros autor

Titulo: Chiapas, los “periodistas guerrilleros”

Autor: Isaín Mandujano
Fuente: Revista Proceso
Fecha: Lunes 5 de Marzo de 2007
Género: Nota informativa
Medio: Periodismo

Tuxtla Gutiérrez, Chis., 5 de marzo (apro).- La Fiscalía General del Estado (FGE) sostuvo que encontró una deficiente investigación de los casos de asesinatos de periodistas en la entidad, ocurridas en los años noventa, y que en dos de ellos se confirma que los comunicadores eran parte de la guerrilla guatemalteca.

En uno de los casos, reveló, a los detenidos les “fueron arrancadas declaraciones mediante la violencia física y moral, obligando a los testigos incluso a elaborar un retrato hablado con datos dirigidos; además que las pruebas técnicas practicadas en aquellas fechas fueron deficientes”, admitió hoy el titular de la FGE, Mariano Herrán Salvatti.

Al hacer un recuento de cada uno de los asesinatos ocurridos en Chiapas en esa época, el fiscal reveló que se ha localizado a testigos, a pesar del tiempo trascurrido, y se han practicado diversas diligencias ministeriales.


Sobre las investigaciones del homicidio del periodista Roberto Antonio Mancilla Herrera, ocurrida el 2 de febrero de 1993, frente al parque de la colonia 24 de Junio de esta capital, Herrán sostuvo que el cuerpo fue encontrado sin vida en el interior de un Volkswagen sedán.

El entonces director del Fondo Cultural Universitario y que también se desempeñaba como columnista en los periódicos El Diario Popular y Cuarto Poder, falleció a consecuencia de dos impactos de bala, con entrada en región maxilar superior izquierda y salida en región de arco cigomático derecho.

Dijo que en su momento la Procuraduría local inició la averiguación previa 076/CAJ4-B3/1993, y el 7 de mayo de ese mismo año fueron detenidos y consignados Esteban de Jesús Zorrilla Amén y Vicente Espinosa Pimentel, el primero secretario particular del rector de la Universidad Autónoma de Chiapas, Jorge Luís Arias Zebadúa, y el segundo, chofer del propio rector.


Señaló que estas personas fueron declaradas confesas sin la presencia de abogado o defensor, y sin que se hubiere llamado a los testigos para la correspondiente identificación.

Y en 1994, después que el testigo de los hechos no los identificó y los procesados argumentaran que fueron torturados, se les dictó sentencia absolutoria.

Explicó que al reiniciar las investigaciones, la fiscalía localizó a los testigos, con quienes se han practicado diversas diligencias ministeriales.

Herrán Salvatti abundó en que ya se estableció la mecánica de los hechos, y en la que dos sujetos del sexo masculino aparecen como responsables; incluso se determinó la posición víctima-victimario y la trayectoria de los proyectiles, además de las pruebas de balística de campo.

“Es necesario señalar que la investigación se ha visto mermada en virtud de que las testimoniales que se obtuvieron en 1993 fueron arrancadas mediante la violencia física y moral, obligando a los testigos incluso a elaborar un retrato hablado con datos dirigidos; además que las pruebas técnicas practicadas en aquellas fechas fueron deficientes”, indicó.

Y en torno a la muerte de José Humberto Gallegos Sobrino, de 65 años, quien falleciera en 1989, dijo que las indagatorias ministeriales han revelado que laboraba como jefe de Talleres Gráficos del estado, y que el 8 de abril de aquel año fue encontrado sin vida sobre el libramiento sur de esta ciudad, determinándose como causa de su deceso el traumatismo craneoencefálico.

En su momento, la Procuraduría local consignó a tres personas como autores materiales de los hechos, las que operaban en ese tiempo el bar, con giro de prostitución, “Los Faroles”, sin embargo, en 1994 fueron liberados.


Sin embargo, las diligencias de esta fiscalía han fijado nuevas líneas de investigación, ya que se ha señalado que fueron otros los autores materiales.


Muerte en combate.


Y en torno a la muerte de Ramón Viridiando de la Mora encargado del programa de radio de la Unach, la fiscalía reportó que el comunicador falleció en febrero de 1992, en Colomba Costa Cuca, Guatemala, país al que se desplazaba por razones de su trabajo.

“Conforme a los datos obtenidos se indica que el ahora occiso era guerrillero y murió en combate, al igual que Flor de María Zapata Ledesma, quien pereció de la misma forma”, reveló Herrán Salvatti.


Explicó que en estos dos casos, la fiscalía se encuentra en comunicaciones con las autoridades policiales de Guatemala, a efecto de determinar los datos precisos del fallecimiento de Viridiando de la Mora y Zapata Ledesma, y así estar en condiciones de fijar la competencia de la propia FGE.

El fiscal también hizo un recuento de otros asesinatos de periodistas en Chiapas, como el de Alfredo Córdova Solórzano, Alonso Rodríguez Gamboa y Fernando Preciado Escobar, los tres exresidentes en Tapachula.

Sobre el primero, dijo que tres sujetos del sexo masculino ingresaron al jardín del domicilio del periodista, y en la puerta balearon a Alfredo Córdova. Este inicialmente fue internado en el sanatorio “San Agustín” y, posteriormente, lo trasladaron al Centro Médico Nacional en la Ciudad de México, en donde falleció el 8 de junio de 1990.


Por esos hechos, dijo el fiscal, se encuentran procesados Juan Vitaliano Castillo Zetina o Herrera, “El Chiquis”, y Jesús Vázquez Soto, “El Cuervo” o “El Conejo”; en tanto que también fueron detenidos los menores Juan Carlos Madariaga Mejía, “El Sorullo”; Cándido Castillo Méndez y Tomás Moreno Gómez o Pérez, “El Pony” y “El Sapo”, respectivamente.

Sobre el caso de Alonso Rodríguez Gamboa, de 47 años, quien laboró en el periódico El Orbe, el exzar antidrogas dijo que aún se profundiza en la investigación, a fin de determinar a los verdaderos autores materiales o si se pudiera establecer una autoría intelectual.

“Así mismo se tiene conocimiento de que este crimen pudo deberse a que en alguna de sus publicaciones denunció a los integrantes de una banda de asaltantes”, supuso el fiscal.

En el caso de los “periodistas guerrilleros”, como los calificó el fiscal, familiares de Flor de María Zapata han rechazado siempre que ella haya militado en la guerrilla guatemalteca.

En una carta que amigos y familiares enviaron a la Cámara de Diputados --registrada en el diario de los debates del 13 de marzo de 1992--, se destaca que los signatarios piden a los legisladores soliciten al gobierno guatemalteco información precisa sobre la forma en que ocurrió el deceso, pues según sus elementos ese crimen les pareció “oscuro”.

Los familiares dijeron que Flor María Zapata, egresada de la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, fue vista tres semanas antes de su muerte en Tapachula, en momentos en que se preparaba para viajar al Distrito Federal. “Desde entonces su familia esperaba su llegada, infructuosamente, como ahora sabemos.


“En la información que proporcionó el gobierno guatemalteco sobre el fallecimiento de nuestra amiga y familiar, hay dos elementos que nos intrigan. El primero es que se asegura que cayó en combate cuando peleaba junto a guerrilleros de ese país. Esto es difícil de creer, entre otras razones porque Flor padecía una seria lesión en la columna vertebral, la que le impedía participar en cualquier acción de esa naturaleza, o aun realizar trabajos pesados”, detalla la misiva.


“El segundo es que le fue encontrado su pasaporte en el momento de revisar el cadáver. Sobre este particular, nos preguntamos: ¿cómo es posible que si Flor participaba en una actividad clandestina, portara consigo un documento como éste?”.

Indicaron que Flor María Zapata merece, como ciudadana mexicana, que su gobierno se interese por conocer las condiciones exactas en que perdió la vida.

Comentario: pese a todos los problemas que se involucra el periodista para realizar su trabajo como mantener informada a la sociedad y en ocasiones están en riesgo de perder sus vidas todo por querer expresar algunas inconformidades que se viven en el país un ejemplo claro es la violencia que o amenazas que se suscitan al querer publicar algo que afecta al gobierno o dichos capos de la mafia, creo que es necesario que exista una ley que los ampare ante todo tipo de estas cosas y forman parte de una ética para una mejor comunicación para el país como lo e s México.

titulo hombre espera nada autor ivan perez

Titulo: El Hombre que Espera la Nada

Autor: Iván Pérez
Fuente: Revista Razón y Palabra

Fecha: Lunes 4 de Marzo de 2007
Género: crónica
Medio: periodismo

Ahí está sentado el hombre en un país desconocido, un país que ha perdido sus raíces y su tradiciones, un país que es todos los países en un tiempo que es todos los tiempos. Todos hablan los dos idiomas pero nadie se entiende. Todos están comunicados, interconectados, pero nadie se preocupa por nadie.
El hombre que espera la nada es uno más de los hombres que tiene rutinas pero que ha perdido sus tradiciones, es un hombre que tiene información pero que no sabe nada, un hombre que se comunica con todos los hombres pero no se conocen entre sí. El hombre que espera la nada es un hombre que se sienta frente a un monitor a visitar todo el mundo entre mareas de datos, entre millones de imágenes y videos, que se pasea por todas las ciudades de manera virtual, que interactúa con toda la gente, que usa la omnipotencia y la omnipresencia, pero que no sabe qué hacer con ella.
Todo el mundo no le basta y no le cansa, tiene todo pero no tiene nada.
El hombre que espera la nada tiene religión, pero no tiene fe, tiene parientes, pero no tiene familia, tiene esposa y tiene hijos, pero no tiene amor, tiene un corazón que late pero no tiene vida…
El mundo en el que vive es un mundo sin dolor, sin odio, sin resentimientos, sin reproches, nadie se queja de nada. Todos se miran en el monorriel magnético, amontonados, vacíos, olvidados, como si no tuvieran alma, se dirigen un monorriel que es más veloz que un avión, y los lleva a un lugar desconocido de donde regresan y se dirigen a otro lugar desconocido que le llaman casa, pero que no es su hogar.
En el proyector virtual de la casa se mira siempre un comercial, luego otro, luego otro, luego noticias vacías, luego programas cómicos que alaban la forma de vida vacía. No hay ironía, puro sarcasmo, no hay alegría, pura risa.
El hombre que espera la nada se sienta en su lugar desconocido en el país desconocido del mundo desconocido, a leer un best-seller que le enseña a mantener una longeva vida saludable, con “alegría” y “ejercicio”; pero “ejercitar” el cuerpo consiste en tomar unas pastillas e implantarse nanorobots que regulan el metabolismo, y que además tiene sistema satelital-planetario para que el hombre que espera la nada no se pierda en el mundo desconocido o en el otro que acaban de colonizar (que no es más que una réplica adaptada).
Un espejo refleja el mundo, como agujero negro en el espacio; el hombre que espera la nada tiene dedos delgados para arreglar la pantalla electrónica que hace que el espejo funcione, delgados sus dedos de aquel hombre pues delgados son los circuitos superconductores de los viejos aparatos que no funcionan con luz. Una herramienta es la mano que crea y sujeta las demás herramientas, unas pequeñas tenazas manométricas con un visor microscópico arreglan el problema. De pronto el hombre que espera la nada mira el espejo y entonces recuerda cómo es su cara, recuerda su nombre olvidado, recuerda que en algún tiempo atrás muy atrás existía un mundo que no era tan desconocido como en el que vive ahora, y lo recuerda a detalle, pues el espejo del universo le muestra el pasado, como agujero de gusano es su cara reflejada, y nota que ya es viejo.
Se sienta de nuevo, y trata de olvidar lo que vio en aquel aparato de antaño que le llamaban espejo universal, decidió destruirlo, programó en el papel digital un libro “clásico de la literatura”: Harry… Aquel libro que su padre leía cuando era niño.

El hombre que espera la nada se sienta y continúa su vida.

Comentario: Pese a toda la información que se encuentra alrededor del hombre a veces nose siente con suficiente capacidad para captarla y recrearla para su contribución para su condición del pensamiento y poderla analizarla y que piense que puede sacarle mucho beneficio, en algunos casos hasta la actualidad todavía se encuentra gente que no cuenta con una verdadera cultura y cree que la televisión se hizo con el fin de nada más de entretener y esto no se debe de pensar así porque tiene una gran importancia a nivel de información, pero no toda se centra en un simple televisor sino que también existen libros donde uno pueda enriquecer su comunicación hacia a los demás y tener un mejor lenguaje para expresarnos sin dificultad y así seriamos mejor como individuos.

titulo transparencia ahasta donde autor ricardo aleman

Titulo: Transparencia: ¿Hasta Dónde?

Autor: Ricardo Alemán
Fuente: Revista Etcétera
Fecha: Lunes 8 de Marzo de 2007
Género: Nota informativa
Medio: medios


Existe una ley, con serias limitaciones, pero en la práctica se ha convertido en una nueva burla en sus réplicas estatales


U no de los mayores logros que suelen presumir los creyentes del gobierno de Fox -y que vende el propio ex presidente- es la Ley de Transparencia que se aprobó en esa gestión.

Y en efecto, se trató de un avance fundamental para la democracia mexicana. Pero en rigor, esa ley fue promovida por la sociedad civil más que por el gobierno "del cambio", y en el fondo no fue más que un "parche" emergente -elaborado en sentido contrario a la lógica legislativa-, ya que se creó una ley reglamentaria de un postulado constitucional engañoso y que desde su origen no era más que una simulación democrática.

Y el resultado no se hizo esperar. Efectivamente existe una Ley de Transparencia, con serias limitaciones, pero que en la práctica se ha convertido en una nueva burla en sus réplicas estatales, en donde cada gobierno local entiende y practica a su antojo e interés personalísimo la transparencia. Por eso, es plausible que la Cámara de Diputados haya promovido y aprobado enmiendas al artículo sexto constitucional, en materia de derecho a la información y transparencia que, en principio, crean una base para que todos los órdenes de gobierno y todas las instituciones del Estado entiendan y apliquen los principios básicos de la transparencia.

Pero la historia de este peculiar galimatías se remonta a octubre de 1977, durante el gobierno de José López Portillo -corrían vientos de una naciente apertura democrática-, cuando la mayoría priísta en el Congreso aprobó una cacareada enmienda al artículo sexto con la que se pretendió hacer creer que se convertiría en realidad el insistente reclamo para que los gobiernos abrieran la información.

El "parche" constitucional al citado artículo quedó así: "El derecho a la información será garantizado por el Estado". El Estado mexicano se convertía, en efecto, en garante de uno de los derechos fundamentales en democracia. Sin embargo, pronto se alzaron las voces que cuestionaron el engaño, porque si bien garante, el Estado era el primer obligado a informar de todos sus actos a los ciudadanos, que son la razón del propio Estado.

Se trataba de una simulación de acceso a la información pública, porque si bien desde hace tres décadas se logró lo que parecía un paso gigantesco, impensable entonces, elevar a rango constitucional la transparencia y el acceso a la información pública, el avance no sólo era discursivo, sino contradictorio con la realidad, sobre todo porque la libertad de expresión prácticamente era inexistente.

El Estado se convertía en garante de la libertad de expresión, pero no en obligado fundamental de informar. Todo esto en medio de una libertad de expresión acotada, porque prevalecían el control estatal hacia los medios, la mordaza oficial, la autocensura y prácticas como la muy cacareada "no les pago para que me peguen". En el fondo, la reforma de 1997 no era más que una simulación democrática. ¿De qué servía entonces el derecho a la información, si no existía libertad de expresión? Además de que el "parche" al sexto constitucional no contaba con su reglamento respectivo.

Con los años, el empuje social, una creciente responsabilidad de los medios, la competencia y el advenimiento de los medios electrónicos como canales privilegiados para la información rompieron las barreras que sometían a la libertad de expresión y esa apertura empujó el reclamo de reglas electorales equitativas, creíbles y transparentes. Con ese empuje, en 1996 se alcanzó la más avanzada reforma electoral de su tiempo y, entre 1997 y 2000, se produjo la alternancia en el poder. Finalmente, el PRI fue echado del poder presidencial.

En el llamado "gobierno del cambio", la sociedad civil empujó de nueva cuenta y logró, con el concurso del gobierno y de todos los partidos, la Ley de Transparencia que pronto mostró sus limitaciones. ¿Por qué? Porque una transparencia real es imposible sin su respectivo soporte constitucional, de derecho a la información pleno. Existía una mera ley reglamentaria, un conjunto de buenas intenciones que podrían o no ser asumidas por los gobiernos, porque no era una obligación constitucional.

Frente a ese problema, un grupo de diputados federales, de todos los partidos, se propusieron reformar el simulado agregado al sexto constitucional y establecieron, entre otras cosas, que toda la información en posesión de cualquier autoridad, entidad, órgano y organismo federal, estatal y municipal es pública y que toda persona, sin necesidad de acreditar interés alguno o justificar su utilización, tendrá acceso gratuito a la información pública.

Pero existe un pequeño problema. ¿Hasta dónde llega esa reforma, sobre todo en el caso de partidos o sindicatos de instituciones del Estado? El debate sobre esta nueva vertiente de la transparencia apenas empieza. Se entiende que harán falta reformas a las leyes electoral y laboral para que ambos transparenten el manejo de dinero público. Pero no sería deseable que pasaran otros 30 años para ese nuevo paso. Y es que la información del dinero público que manejan partidos y sindicatos es el motor de los monopolios de partidos y sindicatos. Poca cosa.

Comentario: ante todo siempre los gobernantes aplican y reafirman según la transparencia de la información en donde ellos mismos se miente así mismos al igual que a nosotros al querernos siempre esconder sus negocios que realizan con los mismos funcionarios de las empresas, pero, que aprueban leyes a favor de la información pero claro esta que nunca, ellos nos mostraran las cuentas claras, cada presidente que pasa por la silla presidencial promueve su verdadera lealtad para la sociedad , pero cuando se trata de elecciones electorales se ha descubierto que a los medios les dan una información manipulado es obvió que por ello mismos que tienen un pacto con los medios de comunicación ya sea dándoles más financiamiento económico para poder manejarlos a su antojo y crear más convenios entre ellos.